5 Meta-Competencias de Liderazgo Positivo

El secreto de Hermann Hesse para romper el trance de la actividad febril y vivir plenamente

El secreto de Hermann Hesse para romper el trance de la actividad febril y vivir plenamente

Título Original: “El secreto de Hermann Hesse para romper el trance de la actividad febril y vivir plenamente” | Autor: Jennifer Delgado | Enlace al artículo original en “Rincón de la Psicología”

La alta estima que se profesa al minuto, la prisa como objetivo promordial de nuestra forma de vida es sin duda el enemigo más peligroso de la alegría”, escribió Hermann Hesse. Y como si hubiera sido capaz de vislumbrar por un momento el futuro, agregó: “La consigna es ‘mucho y pronto’. Como resultado tenemos cada vez más diversión y cada vez menos alegría”.
La alegría no tiene entidad física ni forma. No podemos tocarla, pero podemos sentirla y, sobre todo, disfrutarla. Es una experiencia subjetiva intransferible, pero también es contagiosa. Por desgracia, a medida que crecemos vamos olvidando el sabor de la auténtica alegría, sacrificándola en el altar de la actividad y la productividad, los cuales se convierten en el principal drama de nuestra existencia, un drama que lamentamos continuamente porque nos hace infelices e incompletos pero al que no sabemos, o no queremos, ponerle solución.

Esclavos de la prisa, la productividad y la ocupación inútil 

Søren Kierkegaard escribió: “De todas las cosas ridículas, lo que más ridículo me parece es estar ocupado, ser un hombre activo cuando comemos y cuando trabajamos”. Nos entregamos al frenesí de la actividad a costa de nuestro ser, porque mientras más miremos hacia afuera, más nos desconectaremos dentro. Y mientras más nos desconectemos de nuestras auténticas necesidades y deseos, más insatisfechos nos sentiremos.
Kierkegaard pensaba que desmoronarse en la cama cuando llega la noche después de haber completado la larga lista de tareas cotidianas no brinda satisfacción, todo lo contrario, nos hace sentirnos incompletos e insatisfechos.
El alivio real de ese tipo de problemas autoinfligidos, entiéndase la soledad, insatisfacción, desesperanza, frustración… no puede provenir de combatir los síntomas zambulléndonos en una espiral de actividad, sino de indagar y actuar sobre las causas que nos han llevado hasta esa situación.
En el ensayo “Pequeñas Alegrías”, Hesse reflexiona: “En estos días muchísimas personas viven sus vidas en un estupor aburrido y sin amor. Las personas sensibles encuentran esa forma de existencia opresiva y dolorosa, por lo que se retiran de la vista… Creo que lo que nos falta es alegría […] La concepción de la vida como algo feliz”.
Hesse se lamenta de cómo la “prisa agresiva” de la vida moderna ha “eliminado el escaso ocio que tenemos”. Escribió: “Nuestras maneras de disfrutar no son menos irritantes y angustiantes que la presión que genera nuestro trabajo. El lema es: ‘Tanto como sea posible, lo más rápido posible’. Y así hay más y más entretenimiento y cada vez menos alegría… Esta búsqueda morbosa de disfrute es impulsada por la constante insatisfacción”.

Las pequeñas alegrías son la clave para romper ese círculo vicioso 

Hesse señala que no existe una solución mágica pero nos brinda una idea: “Simplemente me gustaría retomar una fórmula antigua y, por desgracia, bastante pasada de moda: ‘el disfrute moderado es el disfrute doble’. Y por último: ¡No pases por alto las pequeñas alegrías!
Hesse nos invita a abrazar la calma y la moderación frente a las posibilidades aparentemente ilimitadas de diversión que se abren ante nosotros. Explica: “En ciertos círculos la moderación requiere coraje. En ciertos círculos, se necesita coraje para no haber leído una nueva publicación varias semanas después de su aparición. En círculos más amplios, uno es objeto de ridículo si ano ha leído el periódico. Pero conozco a personas que no se arrepienten de ejercer este coraje. 
 
“No permitas que el hombre que se suscribe a una serie de teatro semanal sienta que se está perdiendo algo si solo va al teatro cada dos semanas. Lo garantizo: saldrá ganando. 
 
“Deja que alguien que está acostumbrado a mirar muchas fotos en una exposición, intente concentrarse en una sola, pasar una hora o más frente a una obra maestra única y contentarse con eso durante el día. Saldrá ganando. 
 
“Deja que el lector omnívoro pruebe esa fórmula. Algunas veces se aburrirá al no poder participar en una conversación sobre alguna publicación; ocasionalmente generará alguna sonrisa de desprecio. Pero pronto será más sabio y será él quien ría, cuando comprenda cuán grande es la recompensa por ese pequeño sacrificio de tiempo y placer”.
El secreto de las personas que viven satisfechas, lo que las diferencia de quienes buscan continuamente los placeres pero se encuentran insatisfechas, radica en la capacidad para saborear el placer en pequeñas dosis en vez de anestesiarse con estímulos siempre nuevos y cada vez más intensos.
La capacidad de apreciar las ‘pequeñas alegrías’ está íntimamente relacionada con el hábito de la moderación. Esta habilidad, originalmente natural en cada persona, presupone ciertas cosas que en la vida diaria moderna se han difuminado o perdido[…] Esas pequeñas alegrías son tan discretas y dispersas en nuestra vida diaria que las mentes aburridas de las personas apenas las notan. No son excepcionales, no se anuncian, ¡no cuestan dinero!
Señala uno de esos placeres que se encuentran fácilmente disponibles pero que solemos pasar por alto como fuente de alegría: el contacto con la naturaleza. Hesse escribió:
Nuestros ojos, sobre todo los ojos maltratados y exhaustos del hombre moderno, pueden ser, si nos lo proponemos, una fuente inagotable de placer. Cuando camino al trabajo por la mañana veo a muchos trabajadores que se arrastran adormilados fuera de la cama, apurados en todas las direcciones, tiritando por las calles. La mayoría de ellos caminan rápido y mantienen la vista en el pavimento, o como mucho en la ropa y las caras de los transeúntes”.
Esta es su receta para romper este trance de actividad e inatención que nos lleva a funcionar en piloto automático:
“Inténtalo una vez: un árbol, o al menos un pedazo de cielo, se puede ver en cualquier lugar. Ni siquiera tiene que ser un cielo azul; de una forma u otra, la luz del sol siempre se hace sentir. Acostúmbrate todas las mañanas a mirar el cielo por un momento y de repente comenzarás a ser consciente del aire que te rodea y la frescura matutina […] Presta atención y así tendrás durante el resto del día un remanente de satisfacción y un toque de convivencia con la naturaleza. Poco a poco y sin esfuerzo, la vista se entrena para transmitir muchas pequeñas delicias, contemplar la naturaleza y las calles de la ciudad, para apreciar la inagotable diversión de la vida cotidiana. 
 
“Un trozo de cielo, un muro de jardín cubierto por musgo verde, un perro bonito, un grupo de niños, una cara hermosa…. ¿Por qué deberíamos estar dispuestos a que nos roben todo eso? Quien haya adquirido esta habilidad puede ver cosas preciosas sin perder un minuto de tiempo… Todo es vivo, incluso las cosas que parecen poco interesantes o feas; uno solo debe aprender a ver. 
 
“Y cuando aprender a ver llega la alegría y el amor. La persona que por primera vez toma una pequeña flor para tenerla cerca mientras trabaja ha dado un paso hacia la alegría en la vida. 
 
“Hay muchas otras pequeñas alegrías, como oler una flor o una fruta, escuchar las voces propias o ajenas, oír a los niños. Sentir una melodía tarareada o silbada en la distancia, y otras mil cosas diminutas con las cuales uno puede tejer un brillante collar de pequeños placeres para la vida”. 
Termina con un consejo que sigue siendo tan actual como hace un siglo, o quizá aún más:

“Mi consejo para la persona que sufre de falta de tiempo y de apatía es: busca cada día la mayor cantidad posible de pequeñas alegrías, y ahorra los placeres más grandes y exigentes para las vacaciones y el momento apropiado”.

Fuente:
Popova, M. (2017) Hermann Hesse on Little Joys, Breaking the Trance of Busyness, and the Most Important Habit for Living with Presence. En: Brain Pickings.

Título Original: “El secreto de Hermann Hesse para romper el trance de la actividad febril y vivir plenamente” | Autor: Jennifer Delgado | Enlace al artículo original en “Rincón de la Psicología”