Cuando el silencio es un nudo en la garganta




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Enlace al artículo original publicado por Edith Sánchez

El silencio siempre trasmite, de eso no hay duda. A veces es una señal de introspección o de reserva. Otras veces se trata de una decisión comunicativa: callarse porque no hay lugar para las palabras en determinadas circunstancias. También están esos silencios duros y profundos, que representan una dificultad para expresar lo que uno siente.

De este modo, el silencio es tanto una forma de decir, como una ruptura de la comunicación. Algunas veces esa necesidad u obligación de callar puede llegar a ser dolorosa. Es como un nudo en la garganta que no se desata porque algo falta o algo sobra. De hecho, es posible que la dificultad esté en que no está claro lo que se quiere decir, aunque también haya angustia por no hacerlo.

Muchas veces se asocia el silencio de forma automática con la introversión, pero no siempre lo uno es efecto de lo otro. En algunas ocasiones, lo que hay no es la voluntad de callar por temperamento sino la dificultad para expresar. En otras palabras, hay algo que decir, pero también un obstáculo para hacerlo.

El ruido es relativo al silencio que lo precede. Cuanto más absoluto es el silencio, más espantoso es el trueno”.

-Alan Moore, V de Vendetta-

El silencio y el vínculo con otros

El silencio y la comunicación siempre están referidos a otro u otros. Es decir que allí donde se calla o se habla también hay un vínculo social y quizás afectivo. Lo que hace que fluya la comunicación o esta se represe en un momento dado es tanto la percepción que se tiene de ese vínculo, como las características de esa relación.

Las palabras fluyen espontáneamente allí donde hay un vínculo horizontal y de calidad. Existe confianza mutua y la comunicación es bienvenida. Existe la convicción implícita de que hay derecho a decir y que también hay disposición a la escucha, en alguna medida.

En esas condiciones, una persona no ahoga lo que tiene para decir. Es posible que posponga su mensaje, o que lo module, pero siempre termina manifestándolo. Y si no lo hace, de todos modos, eso obedece a una decisión libre y consciente. Por lo tanto, no se forma un nudo en la garganta.

Callar como expresión de resistencia

El silencio adopta otro significado en contextos en los que priman vínculos poco saludables o marcados por el poder. Si una persona sabe que “todo lo que diga será usado en su contra”, puede llegar a la conclusión de que callar es el medio para evitar dificultades. Sin embargo, preferiría decir.

En las relaciones verticales, el silencio también puede ser un mandato recurrente: “Cállate”. Es una imposición que lleva implícito el mensaje de que hay asuntos o circunstancias en las cuales no hay lugar para la palabra, ni para la expresión. Además de mandato, también es una amenaza implícita. Hablar puede convertirse, entonces, en un desafío arriesgado.

Es frecuente que los niños silenciados se transformen luego en adultos silenciosos. No está claro que esa ausencia de comunicación verbal sea efecto de una personalidad introvertida o de esa conformidad por la cual “el que calla otorga”. A veces el silencio se transforma en un refugio frente al miedo. No se dice nada para no ponerse en riesgo.

 

Pareja enfadada

Silencio y grito

Muchas veces no se dicen las cosas porque no se considera valioso lo que se tiene para decir. Otras veces existe la idea de que lo que se diga no va a ser escuchado. También es posible que el silencio sea una conducta pasivo-agresiva, esgrimida para expresar un rechazo o un enojo que no se logran resolver.

En todos esos casos lo que prima no es realmente el silencio, sino el silenciamiento. Esto es, una represión sobre la palabra. En algunas ocasiones nace del entorno y en otras es algo que se internaliza después de alguna experiencia; por lo tanto, aunque el entorno no lo exija, una persona decide callar por miedo o por ira en la mayoría de las circunstancias.

A esto se suma una dificultad adicional: la comunicación es una habilidad y como tal se desarrolla en la medida en que se practique. La capacidad para expresarse es algo que se va modelando a lo largo de la vida. Si el silencio se convierte en la forma predominante de expresión, la causa puede ser la falta de destreza con el discurso.

Es habitual que el silencio fruto de la represión en algún punto se convierta en grito. Lo que no se dice, queriendo o necesitando decirlo, a veces termina expresándose en el cuerpo como una afección. Otras veces se rompen las compuertas y los mensajes salen como avalanchas que lo arrasan todo.

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