Trabajar en equipo, mucho más que llevarse bien

Enlace al artículo original publicado por Valeria Sabater

Trabajar en equipo no siempre es fácil ni tampoco un placer. Sin embargo, es el engranaje que hace mover a las empresas más eficientes, es ese mecanismo que nos permite alcanzar metas más altas al sumar ideas, sinergias y todo nuestro potencial humano. Ahora bien, pero ¿cómo se logra algo así cuando todos somos tan diferentes y tenemos nuestra particular manera de hacer las cosas?

Sabemos que las personas somos seres sociales y que nuestra supervivencia como especie ha dependido en mayor grado del trabajo, el ingenio y el apoyo del grupo. La aportación de cada individuo al conjunto nos ha ayudado, entre otras cosas, a desarrollar la agricultura, la industria, la cultura e incluso a asentar las bases del bienestar. Todo ello lo tenemos claro.

No obstante, hay algo que todos nosotros hemos experimentado en alguna ocasión: trabajar en equipo no siempre funciona y es el origen de más problemas que de avances. Proyectos escolares, trabajos de investigación en la universidad, equipos en nuestro lugar de trabajo… Tanto si lo queremos como si no, estamos obligados a conformar grupos en gran parte de nuestros escenarios sociales.

Hacerlo de manera efectiva (y satisfactoria para todos) requiere de la adquisición y desarrollo de ciertas habilidades. Más allá de nuestras competencias duras (formación, conocimientos, títulos, etc…) están sin duda esas habilidades blandas donde la empatía, la inteligencia emocional, la comunicación o la capacidad para resolver problemas conforman un ingrediente esencial.

«El liderazgo no es dominación, sino el arte de persuadir a las personas para que trabajen hacia un objetivo común».

Daniel Goleman-

Jefe con empleados para representar cómo trabajar en equipo

Las dificultades de trabajar en equipo

Trabajar en equipo va más allá de llevarse bien. Es más, en ocasiones, ni aun compartiendo un proyecto con nuestros mejores amigos evitamos alguna que otra fricción. La clave a la hora de conformar grupos de trabajo eficientes no está en construir una buena amistad ni tampoco en limitarnos a cooperar. Así, un hecho que se da con excesiva frecuencia cuando formamos parte de un equipo es que surjan estas situaciones:

  • El trabajo no siempre se realiza de manera equitativa. No importa que hayamos distribuido las tareas de manera equitativa. A menudo, lo que acaba sucediendo es que algún miembro del grupo termina asumiendo más responsabilidades que otros; bien porque los demás no las cumplen o bien porque al final se delega en esa persona.
  • Antagonismos y personalismos. Trabajar en equipo implica a menudo experimentar un choque de caracteres y personalidades. Lo que en un principio podría ser enriquecedor para ver las tareas desde diferentes perspectivas, al final, terminan surgiendo antagonismos y discrepancias.
  • La economía del mínimo esfuerzo. Esta idea puede parecer llamativa, pero responde a un hecho muy concreto. Cuando un grupo de personas trabajan en equipo, siempre hay alguien que tiende a reducir su desempeño individual. Lo hacen porque piensan que al estar en grupo, al trabajar con otros compañeros, basta con aportar un nivel mínimo de esfuerzos y recursos entre todos para alcanzar una meta.
  • Desconocimiento del potencial de cada individuo. A menudo, trabajar en equipo supone tener que dejar a un lado nuestras habilidades para cumplir aquello que se espera de nosotros. Y lo que se espera de uno no sintoniza con el propio potencial. La auténtica magia de trabajar en grupo implica, por encima de todo, que cada persona pueda aportar aquello que la distingue y que la hace única. Si desconocemos las riquezas psicológicas de cada individuo, sus dotes, sus habilidades y competencias, estaremos perdiendo capital humano para el grupo.
Hombre gritando a su equipo representando cómo no trabajar en equipo

La ciencia del trabajo en equipo: ¿cómo funcionan los buenos grupos?

¿Hay alguna fórmula mágica para trabajar en equipo? Más allá de lo que podamos creer, existen grupos de trabajo altamente eficientes y satisfechos que saben cómo sacar lo mejor del grupo, aunando esfuerzos, voluntades, creatividad y pasión. No obstante, eso sí, no es cuestión de magia; es técnica. Pongamos algunos ejemplos.

Los «cinco grandes»

Desde la Universidad de Florida, por ejemplo, se llevó a cabo un estudio para definir cuáles eran las competencias que necesitaba un grupo de trabajo para ser eficiente. El doctor Eduardo Salas y su equipo establecieron lo que se conoce como «los cinco grandes». Se trata de las siguientes dimensiones:

  • Liderazgo de equipo (todos los miembros tienen el mismo estatus).
  • Monitoreo continuado del desempeño.
  • Apoyo constante de los unos con los otros.
  • Capacidad de adaptación.
  • Confianza mutua.

Las técnicas basadas en la inteligencia emocional

No podemos pasar tampoco por alto algo que ya nos señalaba Daniel Goleman en libros como Inteligencia Social o El líder resonante. En estos trabajos nos recuerda la importancia de dotar a los escenarios laborales de una mayor solvencia en materia emocional. Así, partiendo de esta perspectiva, es importante considerar estas claves para optimizar nuestros grupos de trabajo.

  • Cuidar el clima emocional cuando se constituye un equipo. Cuando juntamos a un conjunto de personas cada una de ellas trae consigo un tipo de perspectiva, de actitud o enfoque que puede chocar con el resto. Hay que atender los inicios para optimizar ese clima de trabajo y favorecer así su consolidación, progreso y bienestar.
  • Seguridad psicológica. Un grupo debe sentir que puede confiar en el resto, que puede comunicar ideas con libertad, arriesgarse y ser apoyado, equivocarse y no ser sancionado.
  • Saber resolver conflictos y problemas es sin duda la piedra angular a la hora de trabajar en grupo.
  • Formación en Inteligencia Emocional. Todo equipo debe ser hábil en empatía, asertividad, habilidades sociales, capacidad de escucha, etc.
  • Capacidad de adaptación. Saber afrontar cambios sin resistirnos es sin duda un nutriente esencial en estos contextos.

Para concluir, queda claro que trabajar en equipo no siempre es fácil ni satisfactorio. Sin embargo, si favorecemos muchas de estas condiciones, podemos dar forma a una experiencia altamente productiva y llena de ilusión, donde dar lo mejor de nosotros mismos y alcanzar grandes metas.



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