5 Meta-Competencias de Liderazgo Positivo

Aprender escribiendo

Aprender escribiendo

Título Original: “Aprender escribiendo” | Autor: Ivan | Enlace al artículo original en “Entusiasmado.com”

¿Y si lo que necesitáramos para aprender fuera precisamente pensar, para encontrar todos los vínculos entre las cosas? ¿Y si la mejor manera de aprender fuera escribir?

Tenemos la creencia de que aprender es un proceso más bien pasivo. Sentarnos delante de la información y leerla, repetirla, memorizarla hasta que somos capaces de murmurarla como si fuera un conjuro.

Y sin embargo, cada vez es más evidente que no es así. Hay muchos estudios que demuestran que una aproximación más activa al aprendizaje es mucho más eficaz.

No basta con leer y repetir. Si actuamos así, podemos aprobar un examen o salir de algún apuro, pero no podemos aprender.

¿Qué es aprender?
Aprender es conseguir que nuestra mente tenga una representación de la realidad más exacta que la que tenía antes. Aprender es cambiarse a uno mismo, actualizarse para poderse enfrentar mejor al mundo. ¿Cómo se puede conseguir eso desde una actitud pasiva?

El aprendizaje activo

Creyendo pues que el aprendizaje ha de ser activo, se sigue planteando la cuestión de la forma en que se puede realizar ese aprendizaje. Hay diversas formas: repetirse lo que se ha aprendido, jugar con los conceptos. Todas esas formas parten de lo mismo: tener la mente concentrada en un asunto durante un tiempo.

El problema de pensar es que es muy difícil pensar sin más. Quizá en la época de los filósofos griegos, sin Twitter, sin vídeos de Youtube, sin mensajes de Whatsapp era más fácil. Por desgracia ahora es muy difícil estar concentrado sin más en algo durante un rato largo. Tenemos que entrenar nuestra capacidad de pensar ( usando métodos como el de la meditación productiva) Pero ¿cómo conseguimos pensar en algo cuando aun no somos capaces de sentarnos media hora a pensar?

Por suerte hay soluciones. Hay dos métodos que nos permiten pensar sin tener tanta concentración.

El primero es el el diálogo. No requiere demasiada concentración. Es difícil encontrar a una persona que sea capaz de pensar sobre un tema y que quiera hacerlo en voz alta contigo, pero si tienes la suerte de encontrar a esa persona, tendrás un tesoro. El diálogo te abre a nuevas ideas, y lo que es casi más importante, te ayuda a clarificar las tuyas propias. Por un lado te obliga a organizarlas y por el otro te ayuda a encontrar grietas en tus razonamientos. Además tu interlocutor quizá sea capaz de encontrar conexiones entre asuntos que tú no has sido capaz de descubrir.

El segundo método es la escritura. Requiere más concentración que dialogar, pero menos que simplemente pensar sin tener la tabla de salvación de un papel.

¿Cómo usar la escritura para pensar?

No puedes pensar sobre un tema del que no conoces nada. Así que si no tienes conocimientos previos lo primero que tienes que hacer es leer artículos o ver conferencias o escuchar a alguien que conozca el tema sobre el que quieras pensar. Una cosa es que el aprendizaje sea activo y otra que simplemente aprendas del vacío.

Busca un lugar en el que estés tranquilo y donde no te molesten. Pero si no tienes posibilidad de estar tranquilo, escribe de todas maneras. Algunos escritores son capaces de concentrarse en mitad de un huracán. Es todo práctica.

Después escribe. Algunas personas prefieren hacer primero un esquema antes de lanzarse a la escritura. Otros somos más partidarios de lanzarnos directamente a escribir. Haz lo que necesites pero escribe.

Al escribir te darás cuenta de que hay determinados puntos que no tienes claros. Eso es bueno. Lo que conseguimos es precisamente ver las grietas en nuestro conocimiento. Pon unos asteriscos o cualquier señal de que tienes que comprobarlo después y sigue adelante.

Según vayas escribiendo irás siendo consciente de la relación entre distintas ideas e irás reorganizando tu pensamiento. Distingue las categorías y las subcategorías.

Luego coloca esos pensamientos en una secuencia lógica. Esto no es solo importante si quieres compartir lo que has escrito. Incluso si lo que escribes va a quedar solo para ti, el tener la estructura adecuada hará que te aproveche mucho mejor la escritura. Habrás de quitar un párrafo de aquí y ponerlo allí, o simplemente te darás cuenta de que hay cosas que no tienen la suficiente importancia.

Cuando acabes de escribir lee lo que has escrito. ¿Tiene coherencia? ¿Sigue un flujo de pensamiento que es coherente y te lleva de un punto a otro? Si es así, has avanzado mucho.

Comprueba la relación de lo que escribes con todos los demás temas que te interesen. ¿Cómo se relaciona con otras ideas? ¿Es un ejemplo de una idea de rango superior? ¿Es la clave teórica para explicar algún caso concreto?

Por último procede a compactar la información. Contínuamente debemos confrontar las ideas existentes con nuevas ideas que nos lleguen. Comprobar si refuerzan lo que había o lo contradicen. Es como una especie de Tetris mental en que cada pieza nueva que llega reconfigura la construcción existente anteriormente.  Cada nueva idea interesante que te llegue debería servir para reconfigurar tu mente, reforzando, matizando o eliminando las construcciones mentales preexistentes.

Usada de esta forma, la escritura puede ser un método muy eficaz de aprendizaje.

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